3 de junio

Recuerdo que tengo un blog de vez en cuando, un par de veces al año, como si aún le importa a alguien lo que otro tenga que decir fuera de cualquier red social, lejos del ruido de la multitud, aquí donde no hay corazones, ni me gusta, ni posibilidad alguna de hacer retweet a todos tus seguidores ni insertar fotos de gatitos o de bebés haciendo monerías. Mi proveedor habitual del hosting (a small orange, muy contento con ellos) me manda puntualmente su factura y mi registrador de dominios de confianza (namecheap, del que me temo no estoy tan contento) me recuerdan mensual y anualmente que llevo casi nueve años con esta bitácora y es que todavía me resisto a soltarla.

Leo lo que ha escrito Laura sobre Knausgård y pienso en que toda vida es susceptible de ser escrita y narrada. Pienso en cuántas historias nos estaremos perdiendo porque no hay tiempo, porque no hay el suficiente tiempo de ponernos a escribir sobre ellas al mismo tiempo en que las vivimos. Nos hacemos viejos cuando nos encontramos las primeras canas, nos comprometemos o decidimos tener hijos. Nos creemos jóvenes y con el tiempo suficiente para comernos el mundo cada vez que cambiamos de novia, ciudad o trabajo. Miramos de vez en cuando a nuestro alrededor y vemos a aquellos que fueron parte de nuestra vida en un retrato cogiendo polvo en la estantería más elevada de nuestro salón. ¿Dónde estaremos dentro de diez años? ¿Qué nos diría nuestro yo actual si pudiera comunicarse con él? Y, sobre todo, ¿qué nos diría nuestro yo-del-futuro?

Leo a Karl Ove Knausgård sistemáticamente todas las mañanas de camino al trabajo. Leer las 3600 páginas de Mi lucha de veinte en veinte minutos de trayecto tiene casi tanto valor como dedicar 3600 páginas a una vida relativamente ordinaria como la de Karl Ove. No sé si nos interesa su obra porque su autor es un varón blanco pero creo que su calidad literaria (en tanto que uno puede juzgarla a través de una traducción, claro) está fuera de toda duda.

Estos días en Madrid se celebra la feria del libro y después de pasear por ella en la repisa descansan Mil dolores pequeñosSeñales de humo. Y por fin consigo -gracias a Iberlibro– la Obra Poética en dos volúmenes de Aníbal Núñez. Pienso en los planes de verano, en todas las cosas por hacer y en lo poco que me importa ya que este blog no se actualice con cierta frecuencia. Y es que igual hacerse viejo también es eso.

03. June 2016 by José Luis Merino
Categories: General, Literatura, Reflexiones | Tags: , , , , , , , , , | 2 comments

Comments (2)

  1. Todos nos hacemos viejos my friend! pero siempre hay tiempo para pasar el rato con viejas glorias!

    Que los dioses le bendigan y le den fuerza para escribir más a menudo.

    Salud!

  2. Dejémoslo mejor en madurar, hacerse viejo es otra cosa muy diferente

    Salud

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