Futuro

Velocidad

A. espera la nota de las oposiciones, la resolución de al menos los dos próximos años de su vida. A. y A. no se presentaron, decidieron tal vez que eran demasiado jóvenes, que aún era demasiado pronto para no perder el tiempo. G. y J.P. esperan terminar su tesis doctoral este verano o eso creo, porque no hablan demasiado del tema, no les gusta que les pregunte, se ponen nerviosos, les sudan las manos y resoplan mientras miran al infinito (creo que J.P. quiere irse lejos, tal vez a Iowa, desde la semana pasada le brilla un poco más la mirada). E. termina por fin la carrera y sé que habla de mí con pena (R. la terminó ya y sigue dando saltitos de alegría multicolor). C. y A.L. esperan una beca innombrable del gobierno, una carta certificada, un cartero muy serio, un matasellos del día antes, una noche interminable de cervezas. C. quiere hacer un doctorado, un máster, investigar y no parar de darse chapuzones en el mar entre piedras y bichos con aletas. P., A. y C. entregan entre julio y octubre su proyecto fin de carrera, pronto serán ingenieros, de esos que pican código por mil euros brutos mensuales y aguantan las horas extras y el mal aliento de un jefe que no se ha aprendido aún su nombre. A R. y a M. aún les queda un año más de carrera (nerviosos buscan becas remuneradas en los tablones de la facultad). P. se va a Berlín. D. se va a Finlandia. R. se va a Barcelona. S. no quiere volver a Alicante. S. no quiere volver a Pontevedra. Y A. vuelve de Bolonia y no sabe qué va a ser de su vida dentro de dos meses y medio. P. y C. siguen en la isla, sé que ambos quieren cambiar de aires, espero que sea pronto. Creo que B. se va a algún país europeo, no sé nada de él desde hace 4 meses, me parece que sigue vivo. L. y R. siguen pareciendo un matrimonio, ahora buscan un piso más barato o una nueva fuente de ingresos (G. cada vez está más grande y más gorda, dicen que es culpa de la operación). El resto no sé, aquí y allá, buscando un trabajo de mierda para pagarse los caprichos o malvivir en un piso compartido de 4 habitaciones, estudiando a tiempo parcial unas oposiciones que no van a aprobar nunca, terminando esa carrera interminable y de la que sus padres estuvieron tan orgullosos el día en que hicieron la prematrícula, metiéndose coca en algún bar de la ciudad de mi infancia y yendo a trabajar  al día siguiente a la tienda de sus padres. O algo así, la verdad es que no me importa demasiado su futuro.

(yo he tenido el peor junio de la historia, no dejo de hablar del futuro del libro y de enviar CVs a empresas que nunca van a devolverme la llamada, tengo un máster pagado en una de las mejores universidades públicas de España y no paro de revolverme en la silla, no creyendo hacer lo correcto, poniendo cada vez más pero(s) a algo que espero que en poco más de tres meses me vaya a dar de comer. los pisos están muy caros en la gran ciudad, he asumido que voy a vivir de alquiler y de por vida en 30 metros cuadrados, todo será muy minimalista. cada vez soy menos sociable, he engordado tres kilos en los últimos dos meses, supongo que dejar el gimnasio y alimentarme a base de redbull y mierda no ayuda. twitteo y mando e-mails compulsivamente. me he gastado riñón y medio en un nuevo cacharro tecnológico. y no dejo de pensar en el futuro. mi futuro)

28. junio 2010 por José Luis Merino
Categorías: General, Mis escritos, Reflexiones | 4s comentarios

Comentarios (4)

  1. Muy buen relato, es la tremenda realidad que vivimos los universitarios. La generación maleta o tupperware, la generación de los masters carísimos y los tres idiomas hablados a la perfección, la generación que no tiene derecho a preguntar cuánto va a cobrar, ni exigir que se le pague como titulado cuando en el trabajo nos exigen labores de titulado.
    Suerte con el trabajo, pero la cosa está fastidiada.

  2. El color negro a esta entrada le queda bien, pero no deja de ser poco realista.

    Te quedas con la incertidumbre, con los puntos suspensivos y con, en cierto modo, las miserias.

    Por muy triste que sea todo sé que, al menos los que conozco, por muchas dudas que tengan sobre el futuro están preparados para luchar, se han preparado para luchar, para darlo todo y para saber hasta cuando tienen que aguantar la halitosis de sus jefes, de hecho, saben cuando han de dejar de poner el culo.

    Menos lloros, que te vas. Y por muy seguro que estuvieras siempre habría algo que te haría dudar. Siempre podrías pensar que hubiera sido de ti en otras circunstancias. Eres afortunado, y C. y R. y L. y M. y P. Todos lo somos.

    Menos lágrimas, porque al fin y al cabo, todos estamos haciendo, en la medida en la que nos dejan, lo que nos sale de los cojones.

  3. El pesimismo siempre está más cerca de la realidad que el optimismo.

    Bleh. Me compadezco de la vida, ella no tiene la culpa. Nadie tiene la culpa. Me compadezco de los que vengan detrás. En realidad, nadie tiene envidia de los jóvenes. Esos son cuentos chinos…

  4. Es evidente que las cosas podrían ser peor. No obstante no toméis esta entrada como un acto auto-compasivo. Como muchas cosas, tira más bien hacia la ficción, hacia creer que todo siempre es negativo. Aunque ya, ya sé que no lo es. De momento he guardado la cuchilla en el cajón. En un par de meses os cuento.

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