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Aparecer

Aparecer. Eso es todo lo que hago. Aparecer. El tiempo pasa más rápido en el trabajo, ocupándose de unas cuántas almas perdidas. Estás con ellos cuando son más vulnerables, cuando están desnudos, débiles, heridos. Los tocamos, examinamos su cuerpo. Los vemos más de cerca que sus familias, que sus amantes. Pero es mecánico, es algo pasajero. O los curas o los ves morir. En cualquier caso, acaba rápido. No hay próxima vez ni compromiso. Ni conexión real. Quizá por eso sigo haciéndolo.

Creen todo lo que les dices. Tienen que confiar en ti porque eres el
médico y lo sabes todo. Pero yo no. Supongo. Mientes. Repites lo mismo a diferentes personas una y otra vez hasta que las palabras apenas salen de mi boca. Resulta difícil no sentir asco de ti mismo, del sistema, de los compañeros, incluso de la gente a la que tienes que curar.

Soy bueno en lo que hago. Tengo cierta habilidad, cierta facilidad,
son dones naturales. Todo era perfecto. Otros llegaban apenas duras al final del día y yo sin embargo quería más. Más ansia, más intención. Antes la medicina me parecía interesante, poderosa, que estaba viva. Hoy hemos salvado la vista a una cría y he salvado la vida a un niño. Y me ha dado igual. No he sentido nada.

(…) Simplemente me toleran, saben que puedo aguantar turno tras
turno y mañana seguiré haciéndolo. -¿No has pensado en tomarte un tiempo? -Sí, sí… y en volver a casa, incluso. Hace tiempo vi un
dibujo en una revista: un hombre está sentado en una habitación con dos puertas. En una pone “no entrar” y en la otra pone “no salir”. Así que él se queda sentado. Sin hacer nada.

(Doctor Kovač. Urgencias 9×17)

Nota 1: Este monólogo -que no es tal, pero a efectos narrativos lo parece- es una de las pocas escenas de la serie que recuerdo de aquellas noches de verano en las que me quedaba hasta muy tarde viendo la serie en TVE1. Ahora la estoy viendo del tirón, desde el inicio hasta el final y saltándome la intro. Espero hablar de ella cuando acabe las 15 temporadas.
Nota 2: He transcrito y colgado esta entrada enteramente desde mi iPad. Disculpad por adelantado si hay algún problema.

Series recomendadas VI: Lost

-¿Tú también vas a hablar de Lost hoy? -Pues sí, ya ves tú qué original.

Hacía tiempo que no retomaba esta mini-sección de mi blog, no por falta de series, sino por falta de ganas de recomendar series que no me acaban de llenar. Y precisamente estaba esperando a que Lost se terminara para poder recomendársela a todas aquellas personas (que no serán muchas) que no hayan visto la serie en estos seis años (seis temporadas) que ha durado.

lost

Hoy me he levantado a las 6 de la mañana para ver cómo una televisión española (Cuatro) emitía el capítulo con subtítulos con apenas media hora de diferencia respecto a Estados Unidos. Hace 5 años empecé a ver la serie (en su segunda temporada) en versión original con subtítulos, la primera vez que vi una serie una serie así en mi vida y como ya he dicho en varias ocasiones, únicamente por eso siempre la tendré en mi corazón.

Pero al margen de mi experiencia personal, lo que Lost nos ofrece es una de serie de personajes en una isla donde pasan “cosas raras” y que temporada tras temporada se van haciendo “más raras”. No quiero describir mucho más el argumento porque podría estropear la serie a quien no la ha visto aún. La parte que más me ha interesado siempre es su estructura narrativa, ya que desde el primer momento vemos caracterizados a los personajes respecto a sus acciones pasadas (mediante la técnica del flash forward) y que poco a poco dicha estructura se irá complicando. Seis temporadas donde vemos crecer y evolucionar a unos personajes, donde descubrimos qué hay en la isla, qué es ese humo negro que aparece en el primer capítulo, por qué se estrelló el avión y cómo todos los personajes tienen ciertos vínculos comunes.

Lost ha sido una de las series que más éxito han tenido en todo el mundo en los últimos años y los creadores lo supieron aprovechar para realizar una serie de juegos de pistas a través de la red, crear pequeños vídeos que contaban algunas cosas y sobre todo, conseguir que todo el mundo haya estado pendiente de lo que hoy sucedía en la pequeña pantalla norteamericana. Perdidos pasará a la historia y tendré un hueco dentro de las grandes series (de las que estoy intentando realizar un pequeño repaso muy poquito a poco).

Y por si alguno se lo pregunta después de leer las críticas negativas del final (ojo, también las hay positivas), únicamente pudo decir que el viaje ha merecido la pena, que en los 6 años que ha durado he vivido y madurado con la serie y que tal vez por ello siempre ha tenido un hueco especial, que ninguna otra podrá ocupar. No creo que sea la mejor serie de la historia (a día de hoy me quedo con The West Wing) pero tiene tantos elementos positivos que siempre estará muy en lo alto. Namasté.

Alternativas al apagón analógico

No creo que a estas alturas tenga que explicar a nadie lo que es la TDT (Televisión Digital Terrestre) y lo que significa el “apagón analógico”, pero por si acaso lo resumiré muy brevemente que a partir de ya mismo vamos a dejar de ver la televisión en nuestras casas tal y como lo hacíamos hasta ahora y vamos a tener que instalar un receptor de TDT por cada televisión que tengamos o comprarnos una televisión que lo tenga incorporado.

Hace año y medio me compré un monitor Samsung SyncMaster 2032MW a buen precio (aunque en este tiempo los monitores han bajado una barbaridad), dicho monitor incluía todo tipo de conexiones (HDMI, DVI, VGA) y además era a su vez televisión (pero no incluía TDT). Yo ya sabía todo sobre el apagón analógico en ese momento, pero dado que la versión con TDT me subía como 100€ el precio, decidí que no era tan necesario.

TDT ha dejado de verse

Hace un par de semanas llegó el apagón a Valladolid (a Palencia había llegado hace varios meses) y claro, mi televisión dejó de verse y en su lugar un bonito letrero que me decía que comprara un adaptador TDT apareció (y ahora ya ni eso, un bonito zumbido gris constante). Yo no soy una persona que vea mucho la televisión, de hecho todas las películas y series las veo descargadas, por lo que exceptuando algún programa muy puntual (tipo ‘Callejeros’, ‘21 días’, etc.) y los informativos apenas la utilizo. ¿Y entonces me compensa comprarme un receptor de TDT? Pues eso es lo que durante estas semanas me he planteado y he llegado a la conclusión de varias posibilidades referidas al apagón analógico, tal vez le sirvan a alguien que esté en mi misma situación:

-Opción 1: Comprar un receptor TDT. Los hay desde los 20€ en adelante. Hay que tener en cuenta a estas alturas que estaría bien que fuera compatible con las emisiones en HD y con las cadenas de pago.
-Opción 2: Comprar una capturadora de televisión. En los últimos años parece que su uso ha caído un poco en el olvido, pero yo por ahí tengo tirada mi vieja Pinnacle (que usaba para decodificar Canal+, qué tiempos aquellos). Existen internas (para torres) y externas (para cualquier tipo de ordenador). Obviamente esto es independiente de tener un monitor con televisión, pero es una opción viable para todos.
-Opción 3: Pagar una cuenta en Zattoo. La calidad del servicio es muy buena y dispones de canales en HD y varios canales extranjeros. Si tenéis dudas de cómo se va a ir bajaros el programa y probad el par de canales gratuitos que hay. ¿El problema? Que necesita de una conexión estable de Internet, en mi caso eso es un problema, pero para una línea de fibra / adsl normal no debería ser un problema. Consultando distintas ofertas de adsl se puede dar con una que ofrezca una velocidad buena y sea estable. Además tenemos la ventaja de poder usar nuestra cuenta en cualquier ordenador en el que estemos.
-Opción 4: Usar los distintos servicios de televisión en directo que todas las cadenas ofrecen en sus páginas webs. ¿El problema? Que no siempre funcionan demasiado bien.
-Opción 5: Usar los distintos servicios de televisión a la carta que todas las cadenas ofrecen en sus páginas webs. Actualmente es lo que yo utilizo, aunque es extraño ver el Telediario de TVE1 del día anterior a la hora de comer o el de esa mañana ese mismo día por la noche. Aún así, la calidad del servicio es perfecta.
-Opción 6: Comprarse un nuevo monitor / televisión con TDT. Sí, la opción más cara de todas pero siempre está ahí. Yo le tengo echado el ojo desde hace tiempo a las televisiones LED de Samsung a partir de la serie 7. Un capricho que me haría muy feliz.
-Opción 7: No ver la televisión. Teniendo los periódicos digitales y la radio, no deberíamos preocuparnos por ver la televisión. El mundo seguirá girando aunque no la veamos. De verdad, no pasa nada.

Y ahora os toca a vosotros, ¿cuál es la opción que escogerías?

Series recomendadas IV: Damages

Una historia ya no puede ser contada de principio a fin. Eso nos aburre, hace que tengamos que soportar momentos superficiales, aburridos, sin importancia para el desarrollo de la trama o tramas principales. Contar in media res tampoco sirve ya, ahora es necesario contar a trozos, a retazos, saltar de un momento a otro, entender en el preciso momento el porqué de la actuación de un personaje echando un leve vistazo a su pasado y rápidamente volviendo al futuro. Flashback. Flashforward.

Damages

Cuando recomendé In Treatment creo que no había visto aún la primera temporada de Damages y es que esas dos series fueron de lo mejorcito que pudimos ver el año pasado dentro de la televisión americana (coletea por ahí también Mad men, pero personalmente no juega en la misma liga).

Hace varias semanas ha empezado la segunda temporada de esta serie atípica de abogados en la que simplemente mirando el reparto de personajes (con Glenn Close a la cabeza) podemos ver que es una gran apuesta por parte de la cadena. Hace poco Casciari la volvió a recomendar y comentaba que a estas alturas ya no hay tanta diferencia entre el cine y la televisión. Creo que estamos llegando a un punto de inflexión interesante, donde por un lado las ideas en el cine (comercial) parecen muertas, reviviendo viejas películas, haciendo cuartas partes y tomando de la cultura popular lo poco que queda vivo… mientras que por otro lado la televisión está ofreciendo un excelente nivel medio dentro de su programación de ficción.

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Pero volvamos a Damages y a lo que hablaba al comienzo de esta entrada. Probablemente si la historia de Damages fuera contada de principio a fin no pasaría más que por un mediocre serie de abogados con tintes de thriller y conspiración. Los personajes nos parecían más o menos planos y el argumento incluso simple. Pero con ese peculiar fundido a negro y un cartelito que pone “tres meses después” y que nos desvela una pincelada de lo que va a pasar, hace que nos quedemos pegados al sillón y nos preguntemos ¿cómo ha llegado la acción hasta ahí?

Una historia que engancha, un excelente reparto y un guión perfectamente cerrado es lo que nos ofrece la primera temporada de Damages. En la segunda (aunque aún es pronto, únicamente hay 8 capítulos…) la historia empieza a tomar forma y parece que los pocos flecos que quedaron abiertos en la anterior temporada se van cerrando. Ignoro si habrá una tercera temporada, aunque es posible que sí. Fundido en negro. ¿”Un año después”?

Series recomendadas III: How I Met Your Mother

A principios de 2006 descubrí por casualidad la serie How I Met Your Mother. Nadie me la había recomendado, nadie de mi entorno ni en los foros que frecuento la había visto, así que la empecé a ver “a ciegas” creyendo que sería “una serie más”, pero estaba muy equivocado.

En su primera temporada los críticos televisivos la denominaron “la sucesora de Friends” (y eso que por aquel entonces el pésimo spin-off de Friends, Joey, aún andaba dando vueltas) ya que era la primera sitcom decente de un grupo de jóvenes entre los 20-30 y sus relaciones personales y sus “problemas personales”, además la gran mayoría de la acción se desarrollaba en un bar y en la casa de los protagonistas (también por esa época se estrenaba The Class, aunque no llegó a tener una segunda temporada y la calidad era bastante inferior).

HIMYM

La historia trata de cómo Ted (Josh Radnor) cuenta a sus hijos en el año 2030 la historia de cómo conoció a su madre cuando era joven. Ese pequeño marco le basta para narrar de una forma un tanto peculiar la historias de su juventud con su mejor amigo Marshall (Jason Segel) y su novia Lily (Alyson Hannigan), su amigo Barney (Neil Patrick Harris), un mujeriego con interesantes y extrañas teorías sobre las mujeres, le adoctrina y Robin (Cobie Smulders), una mujer de la que se enamora a primera vista, aunque puede que no todo sea como él espera.

Además de los excelentes personajes y de las escenas de humor más interesantes y bien pensadas de los últimos años, How I met your mother es una obra narrativa que está construida a la perfección: por una parte tenemos al Ted del futuro que nos va narrando en pasado los acontecimientos que estamos viendo mientras esa voz narradora nos matiza ciertas situaciones. En cada capítulo (de apenas 20 minutos) tenemos varias digresiones en el tiempo ya sea para contarnos lo que sucedió en otro momento, para ver el punto de vista de otro personaje o simplemente para narrarnos de forma verosímil lo que puedo pasar para acto seguido negarlo totalmente.

Sin duda es la sitcom del momento y aunque ha estado en varias ocasiones a punto de ser cancelada, de momento ha sobrevido para disfrute del personal y estoy convencido de que algunas de sus frases pasarán a la historia de la cultura popular (Hi… have you met Ted?, Legen… wait for it… dary!) y muchas de las teorías que el peculiar Barney sostiene capítulo tras capítulo serán recordadas aunque pronto muchos olvidarán de dónde vienen.

Hot.Crazy

Aunque sea una comedia no hay que apartarla de las grandes series, ya que tanto por su excelente humor como por la gran forma en la que está narrada, How I met your mother debe estar en el olimpo de las series de la era moderna. Y si cuatro temporadas después volvemos la cabeza y vemos un capítulo de Friends nos damos cuenta que en realidad esta serie la toma, la hace suya y la superar en todos los sentidos… y casi sin enterarnos se ha convertido en la reina de las comedias.

Series recomendadas II: The West Wing

Tengo demasiado abandonada esta “sección” (por llamarlo así) de mi blog y no tengo perdón, lo sé. Prometo intentar actualizar al menos una vez al mes con una “serie recomendada”, que mi gran placer no tan oculto es seguir la parrilla norteamericana (y en ocasiones, inglesa) de series año tras año.

Cuando allá por 1999 (casi 10 años han pasado) Aaron Sorkin puso en el aire The West Wing (El ala oeste de la casa blanca) no muchos se imaginaron lo que eso iba a significar para la historia de la televisión. La idea era simple: contar el funcionamiento -pero desde dentro- del centro de poder del mundo occidental, sin obviar ningún tipo de detalle: desde escándolos políticos, intentos de asesinato, cómo funciona en realidad el sistema parlamentario, etc. Siete largas temporadas en las que a través de los ojos de los miembros más destacados del gabinete (desde el propio Presidente -interpretado magistralmente por Martin Sheen-, pasando por los diversos secretarios, jefe de prensa…).

The West WingEn su momento (cuando la emitían en TVE2 no recuerdo ni cuando ni a qué hora) no vi El ala oeste de la casa blanca por pereza más que por otra cosa, ya que los capítulos que pillé sueltos me encataron… aún recuerdo aquel magnífico diálogo en el que Leo McGarry -el ya fallecido John Spencer- habla de que es un adicto y de los motivos por los que no puede tomar una copa (ya que luego querría tomar otra y otra…). Pero desde mayo o así conseguí las 5 primeras temporadas y comencé a ver esta serie en dosis razonables, para degustarla (no valen atracones, normalmente no esperamos ansiosos el siguiente capítulo para ver el desenlace, ya que los capítulos son autoconclusivos, aunque con una historia que avanza -el mandato y los problemas que surgen en él-) y aunque aún me faltan 2 capítulos para acabarla (en su versión doblada) creo que puedo hablar largo y tendido sobre ella.

Me gusta The West Wing porque es una serie de personajes y últimamente parece que lo más importante es una buena idea sobre la que gire toda la serie (ejemplo trillado, Lost) y se ha dejado atrás el gusto por construir unos personajes sólidos a base de las relaciones que tienen con el resto de personajes… y sí, todo esto es posible aún con el transfondo de La Casa Blanca de fondo y un toque de patriotismo americano (que sí, que también lo hay). Los personajes de Josh Lyman y Toby Ziegler por ejemplo, quedarán para siempre en mi memoria como amigos cercanos con los que he convivido por situaciones de verdadero estrés (como la campaña electoral de las últimas elecciones o logra que X senador o congresista se pusiera de su parte).

Sí, siete temporadas son muchas temporadas… mucho tiempo de nuestras vidas pegados frente a la televisión o frente a un monitor. Pero realmente engancha (prueba de ello es que @nekaninha se ha visto las siete temporadas en un par de meses y @cvazper se ha comenzado a enganchar ahora mismo a ella, después de usarla como libro de antes de dormir durante un par de meses) y sobre todo, merece la pena: sin ella no podríamos entender cierta forma de narrar en algunas series actuales, donde se nos cuenta todo y de una forma objetiva para el telespectador y sin dárselo todo masticado, es decir, tratando a las personas que hay detrás de la pantalla como personas inteligentes.

Gracias a esta serie Sorkin se convirtió en el nuevo dios de la televisión, aunque su siguiente serie, Studio 60 (con Mathew Perry o Amanda Peet entre otros brillantes actores) fue un fracaso que únicamente estuvo en antena una temporada, pero siguiendo el mismo esquema que The West Wing: enseñarnos por dentro cómo funcionan las cosas, en este caso, la televisión. Realmente brillante, aunque habiendo visto su predecesora, un mero “plagio”, mucho más mordaz y con más mala leche (el propio Sorkin reconocería que estaba demasiado enfadado cuando la escribió y se notaban las referencias al mundo real).

En definitiva, una gran serie, de esas que es imperdonable no haber visto si realmente quieres saber un poco sobre el mundillo de los seriales televisivos. Las cuatro primeras temporadas son una verdadera obra maestra, la quinta es mediocre a más no poder, pero las dos últimas temporadas casi casi llegan a la altura de las cuatro primeras y es que el duelo por la presidencia entre el congresista Matthew Santos y el senador Arnorld Vinick es tan real como la vida misma (y por ello muchos -entre ellos yo mismo- han visto un claro reflejo de la lucha entre Obama y McCain… y es que casi casi la ficción se convierte en realidad).

Series recomendadas I: In Treatment

Hace un par de meses prometí que en otra ocasión hablaría de las series de ficción (en esa ocasión hablaba de Family Guy y de Los Simpsons), pues bien, el momento ha llegado. Finalmente no colgaré una mega-entrada sobre todas las series que me gustan, sino que iré hablando (muy poco a poco) una por una: hoy ha llegado el turno a In Treatment.

In Treatment

Sin duda In Treatment (imdb) ha sido la serie más atípica que se ha estrenado esta temporada, ha sido emitida por la prestigiosa cadena HBO y consta de 43 capítulos que se emiten diariamente (de lunes a viernes). Sí, no me he equivocado, se emite un capítulo cada día.

La serie trata de un psicoanalista (Gabriel Byrne) que cada día de la semana recibe a un paciente (y los viernes es el propio terapeuta el que va a una consulta a contar su vida). Lo extraño de todo esto es que aunque la serie está pensada para verla seguida, en realidad podemos ver únicamente los capítulos de nuestro personaje favorito, así podemos ver los lunes a la atractiva Laura (con un problema con el sexo y los hombres) o los martes a Alex, un piloto de la marina.

¿Qué tiene de especial? Pues que cada uno de los capítulos son 25 minutos en los que nos adentramos en lo más profundo de la vida de unas personas: sus recuerdos, sus vivencias personales, su día a día.

Como curiosidades os diré que está basada en la serie israelita Be Tipul y que en los 25 minutos que dura cada capítulo, apenas hay música, únicamente suele haber una leve melodía al final de cada capítulo que coincide con el momento de mayor tensión.

Ignoro si habrá una segunda temporada, no obstante tanto el guión como la forma de actuar de los actores hace que sea una serie de obligado visionado.

En el blog de Espoiler han dicho sobre ella que:

Al que le gusten las tramas de acción, que no pase por aquí. HBO vuelve a romper moldes con una serie diaria (lunes a viernes) en donde todo el estofado pasa por la palabra. Un psicólogo (Paul), recibe cada día a uno de sus pacientes. Los lunes es Laura, los martes Alex, los miércoles Sophie y los jueves Jake y Amy. El viernes es el día en donde este terapeuta sereno, convertido en paciente inseguro, visita a la doctora Gina. Esto es puro teatro, señores, personajes al borde de la confesión, el abismo y la mentira. Y nosotros, desde casa, voyeurs privilegiados de actuaciones memorables. He visto tres episodios solamente. No me hacen falta más para recomendársela hasta a los perros del barrio.

Y también:

…Del experimento In Treatment, que acaba esta semana con sus último tres episodios, sólo soy capaz de augurar el inicio de un nuevo formato: la serie diaria. No sé si HBO tiene pensado insistir, pero no estaría nada mal que lo hiciera, porque el escenario piloto le ha salido perfecto.

Sólo tengo el barómetro de mi casa, en donde durante siete semanas venimos viendo cada noche un capítulo con gran fascinación. Por supuesto: no hay tiros, ni bombas, ni escenarios fastuosos. Es casi como pedir teatro a domicilio. Un pequeño delivery de drama puro y duro…

Y finalmente esta otra entrada que da un repaso general a toda la serie (cuidado spoilers). Aunque he de decir que no a todo el mundo le ha gustado esta serie, pero si alguno se fía de mi criterio, que la eche un vistazo, no se arrepentirá.

Imagen de previsualización de YouTube

Hace unas semanas le di una copia a Alicia de los primeros capítulos para que me diera su opinión como psicóloga y le gustó cómo actuaba Byrne, aunque seguro que ella puede explicar un poco cuál es la rama (¿se dice así?) que tiene el protagonista y cómo actúa con sus pacientes. También se la dejé a Ana y ahora mismo está enganchada. Si alguno la quiere conseguir se puede esperar a que la echen en España (a saber…), descagársela (aquí por ejemplo) o pedírmela a mí (que no muerdo).

Family Guy y Los Simpsons, la evolución dentro de la animación para adultos

(…) En esta sección vienen a cuento otras dos imágenes espaciales que, a mi entender, representan simbólicamente sendas maneras de entender la cultura pop tal y como actualmente es producida, reconsiderada y acaso superada. Las dos provienen de un género que está en el centro mismo de esa cultura: la animación. La premisa con que propongo leerlos es la siguiente: si, como señaló Mike Kelley, “Disney es la cultura oficial”, entonces merecen atención prioritaria aquellas obras que, partiendo de Disney y de su idea de los dibujos animados, propongan una variación notoria sobre sus principios.
(…)
El segundo ejemplo proviene de otro género derivado: el dibujo animado para adultos. Se trata de la serie de Seth MacFarlane Padre de Familia (Family Guy), y en particular de un capítulo que lleva por título “Family Games”, y que es conocido entre los seguidores como la mayor incursión de la serie en la ultraviolencia. El episodio empieza con la retransmisión deportiva de un combate de boxeo entre la periodista octogenaria y conservadora Carol Channing y Mike Tyson. Uno de los protagonistas, el bebé sádico Stewie, organiza una apuesta; Brian, el perro sabio de la familia, apuesta 50 dólares a Tyson. Contra todo pronóstico, Channing consigue noquear al boxeador. A partir de ese momento la casa misma de la familia Griffin se convierte en un espacio de ultraviolencia pop: Stewie empieza a perseguir a Brian para que pague la apuesta y le propina dos monumentales palizas: la primera, al estilo mafioso; la segunda, con revólver y lanzallamas. Después de esa situación el espacio ultraviolento se extiende fuera de la casa mientras esperamos a que Brian consume su venganza -que se realiza en el último plano, lanzando a Stewie en el camino de un autobús.Estos dos espacios me parecen representativos de una reconsideración sobre el imaginario pop propiamente dicho. No diría sólo que son parodias, pastiches o desconstrucciones del pop. Una parodia es lo que puede verse, por ejemplo, en Los Simpsons, cuya narración también está organizada alrededor de la casa familiar de paletos locales como espacio total por el que pasan distintos iconos y figuras públicos, siempre satirizados. Pero Family Guy es algo distinto: parte de Los Simpson y, en algún aspecto, incluso lo imita, pero respecto a ese modelo introduce demasiadas modificaciones para ser considerada una obra pop generalista, e incluso indie. La referencialidad, que en la serie de Groening ya es abundante, aquí se ha vuelto enciclopédica; hay capítulos que necesitarían de un aparato crítico, o que apenas son comprensibles desde fuera de Estados Unidos; el sentido del humor se combina con un sentido del absurdo a lo Flying Circus que puede llegar a hacerlo hermético. (…)

(Eloy Fernández Porta, Afterpop. La literatura de la implosión mediática (extracto de la introducción Enter: Afterpop y más concretamente del epígrafe “Dos lugares postoon“, páginas 31 a 33))

Lo que acabo de transcribir es un pasaje del excelente y lúcido libro de Eloy Fernández Porta (del que muy probablemente hable en otra ocasión, cuando tenga más tiempo para comentar todo lo que nos ofrece este trabajo). Lo cierto es que soy un gran aficionado a las series de televisión1 (¿baja cultura?) y dentro de la animación (para adultos) sigo Los Simpsons y Family Guy (aunque también de Futurama y Padre made in USA, entre otras).

Desde que vi por primera vez Family Guy (creo recordar que en octubre de 2004) me sentí atraído por esta serie. Ya era fan de la familia Simpson desde hacía años (mi memoria no llega tan lejos, pero al menos he visto la serie desde los 8 años -sí, tal vez no debí haberla visto con esa edad, puesto que aunque sean “dibujos” no son para niños… pero las madres (antes y ahora también) asocian cualquier tipo de animación como algo para niños y ni se plantean filtrar el contenido-) pero Family Guy me rompió todos los esquemas.

Sé que es difícil mantener una serie desde principios de los noventa hasta 2008 (y lo que le queda), sobre todo porque las ideas y situaciones se acaban, tienes unos personajes limitados y una línea argumental: capítulos autoconclusivos (más o menos, ya que hay excepciones, como la muerte de la mujer de Ned Flanders), con unos personajes fijos (aunque en un principio el protagonismo estuviera en manos de Bart, con el paso del tiempo fue Homer el protagonista casi total de la serie) y un humor bastante fijo (guiños a la sociedad americana, a la decadencia de la televisión y situaciones más o menos inverosímiles salpicadas de vez en cuando por “apariciones estelares” de personajes famosos).

Como bien escribió Hernán Casciari:

Matt Groening nos enseñó a ser otra clase de televidente: más exigentes, más necesitados del humor sutil, mejor preparados para la barrabasada y el delirio. No son sus personajes los que decaen, sino nosotros quienes hacemos a un lado una época maravillosa para buscar el recambio y poder crecer —también— como espectadores.

Los estamos dejando con cierta tristeza, es cierto; nos duele reconocer que los nuevos capítulos no nos descolocan el tórax como antes, que no nos maravillan igual las entrelíneas de Lisa. Pero no deberíamos perder de vista, nunca, que los hemos visto nacer, que fuimos contemporáneos de su revolución argumental y que, semana a semana, desde que éramos chicos, el mundo fue un lugar mejor cuando en la tele aparecía un cielo azul salpicado de nubes blancas.

Nunca más reiremos como entonces, con esa carcajada nueva. Pero eso no es culpa de nadie: es que ya no somos inocentes.

Pero Padre de Familia nos lleva a otro terreno, coge Los Simpsons y, partiendo de ellos, los supera. En el caso de la literatura, la mera copia no vale porque no aporta nada a la antigua creación, pero si con la imitación conseguimos lograr algo distinto partiendo del original entonces sí que es válido. Y eso es lo que sucede con Family Guy, si los Simpsons no existieran no existirían Peter y el resto de su familia… pero si los comparamos, la familia Simpson nos parece sosa y anticuada, sus referencias carentes de esa sensibilidad para el humor y el guión poco brillante. A este respecto Casciari escribió en otro artículo:

 

La metáfora de la bicicleta

Una cosa es cierta: conforme Family Guy va asentándose en la pantalla y ganando adeptos, las temporadas más recientes de The Simpsons pierden el favor del público. Mi teoría (escribí sobre ello hace unos meses) es que la velocidad de reflejos del espectador comienza a ser más rápida que los nuevos guionistas de Springfield. El televidente ha comprendido el resorte del humor simpsoniano, ha llegado a ser un experto del absurdo y ahora necesita más.

Una cuestión es muy clara: si la serie The Simpsons no hubiese nacido en 1989, nosotros no podríamos soportar la velocidad de Family Guy. Es más: Seth MacFarlane no sería capaz de cargar su metralleta de humor despiadado, porque no habría un público dispuesto a frenar esas balas. Habría sido un suicidio, y de hecho casi lo fue.

Groening ha sido quien nos compró la primera bicicleta, el que nos enseñó a subir, el que nos descubrió las ventajas del equilibrio sobre las dos ruedas, quien nos limpió las primeras heridas, el que se emocionó con nuestros paseos iniciales en una bici y sin ayuda. Una vez que supimos ser niños ciclistas, nos soltó la mano y nos abandonó, como le corresponde a un padre moderno. Entonces llegó MacFarlane, ese amigo borrachín y simpático; él también nos compró una bici (¡plagio, plagio!), pero al mismo tiempo nos regaló un casco amarillo, unos guantes y unas rodilleras. Después nos llevó a un acantilado y nos empujó al vacío. Gracias al aprendizaje de Matt no nos matamos en el abismo; gracias a Seth comprendimos el placer de la adrenalina.

 

Imagino que la mayoría de los que lean esta entrada conocerán ambas series y podrán opinar al respecto: ¿cuál de las dos series (sinceramente) creéis que es mejor? ¿Por qué?

Yo no creo que cada una ha tenido su tiempo y su lugar, los 90 fueron indudablemente de Los Simpsons y ahora ha llegado el turno a Family Guy (por mucho que los antiguos guionistas se hayan metido de nuevo en la serie y Groening esté más encima de ella -y sobre todo de las películas y las nuevas temporadas de Futurama, y que por otra parte, es el único motivo por el continúa la familia amarilla-).

1: En otra ocasión hablaré sobre las series de televisión, sé que es raro que aún no lo haya hecho, cuando actualmente sigo 5 series semanales y estoy al día en todas las novedades del mundillo, pero… quiero hacerlo “a lo grande”, dejadme unos meses.